Maestras de la costura

Tremendamente estigmatizadas durante toda la historia de la humanidad. Son capaces de despertar los miedos más irracionales y al mismo tiempo inspirar historias de superhéroes que salvan el mundo. Esta es una de esas ocasiones en las que la realidad no queda lejos de la ficción.

Una Argiope lobata espera en el centro de su telaraña a alguna presa más grande que los cientos de mosquitos que no supieron esquivarla. Parque Regional Narbonnaise en Méditerranée, Francia.
Una Argiope lobata espera en el centro de su telaraña a alguna presa más grande y nutritiva que los cientos de mosquitos que no supieron esquivarla a tiempo. Parque Regional Narbonnaise en Méditerranée, Francia.



Estos pequeños depredadores (aunque algunas especies pueden alcanzar los 10 centímetros de longitud) han conquistado todo el planeta salvo la Antártida. Sí, todas, las 46.500 especies de arañas que conocemos, cazan a sus presas de un modo u otro. Emplean las formas más ingeniosas que puedas imaginar. Los apéndices bucales, conocidos como quelíceros, terminados en un pequeño colmillo, conectan con unas glándulas secretoras de veneno que pueden inyectar a voluntad para paralizar y predigerir a sus presas.
Sin embargo, si algo hay que caracteriza a las arañas por encima de todo, es su capacidad para producir una increíble fibra que es la envidia de cualquier ingeniero de materiales: la seda de araña. Esta impresionante fibra está compuesta principalmente de proteínas, y su estructura primaria no se aleja de la de cualquier otra, una serie de aminoácidos dispuestos en fila. ¿Qué la hace tan especial entonces?
Es la disposición de las proteínas y otras moléculas auxiliares las que le confieren unas propiedades asombrosas a la seda de araña. Las hileras de proteínas que componen un hilo de seda se adhieren unas a otras mediante puentes de hidrógeno y esto les confiere una estructura cristalina, un patrón regular, a lo largo de todo el hilo. Gracias a esta estructura la seda de araña tiene una tenacidad sin comparación con otros materiales en la actualidad. No, por mucho que lo escuches por ahí, no es más dura que el acero, sino más tenaz. La tenacidad tiene en cuenta la resistencia a la rotura y la capacidad de deformación de los materiales. En otras palabras, es la cantidad de energía que un material puede absorber, bien sea deformándose o resistiendo la rotura, antes de romperse. La tenacidad se expresa como energía absorbida por metro cúbico antes de la ruptura, y la de la tela de araña es varias veces mayor que la del kevlar 49 (50 MJ/m3), el nailon (80 MJ/m3), la fibra de carbono (25 MJ/m3) o el acero (6 MJ/m3). De hecho, el material conocido más tenaz es la seda ampulácea mayor de la especie Caerostris darwini que alcanza los 500 MJ/m3, 83 veces más tenaz que el acero. Espera, ¿ampu...qué?, ¿hay más de un tipo de seda de araña?
Efectivamente, no podemos hablar de un solo tipo. Si bien las especies de los grupos más antiguos poseen sólo un tipo de glándula para producir seda, lo habitual es que las arañas produzcan varios tipos de seda diferentes. Las especies más recientes tienen hasta 7 glándulas diferentes en su abdomen y cada una de ellas produce un tipo de seda distinto dependiendo de la función que quieran darle. Cada seda tiene una rigidez, adherencia y densidad características dependiendo de su función y las arañas las pueden entretejer y combinar para formar las conocidas como telas de araña que pueden tener multitud de formas y tamaños distintos. Las arañas se sirven de estas estructuras para diferentes fines. Pueden emplear su seda para cazar, almacenar su alimento, proteger su descendencia o como cuerda de seguridad para desplazarse, llegando incluso a utilizarla a modo de vela para volar a merced del viento.

La seda utilizada como soporte en las telarañas y en los desplazamientos, la más dura y resistente de todos los tipos de seda, se produce en la glándula ampulácea mayor. Este ejemplar ha puesto un punto de anclaje para evitar una posible caída o poder descolgarse rápidamente en caso de huida.
La seda utilizada como soporte en las telarañas y en los desplazamientos, la más dura y resistente de todos los tipos de seda, se produce en la glándula ampulácea mayor. Este ejemplar ha puesto un punto de anclaje para evitar una posible caída o poder descolgarse rápidamente en caso de huida.

Todo el mundo se ha parado a observar en algún momento una telaraña. Estas estructuras de captura están perfectamente construidas para que las fuerzas y tensiones se repartan de forma equitativa. Como perfectas arquitectas que son, las arañas buscan los puntos de anclaje en su entorno para sostener la trampa perfecta. Es apasionante observar cómo estos pequeños seres son capaces de construir con tanta precisión y eficacia estructuras tan complejas. Pero la forma no lo es todo. Si consideramos los materiales de construcción la hazaña cobra otra dimensión.
Lo habitual es que cada hilo de los que conforman las telarañas sea de un tipo de seda diferente producido en una glándula distinta. Los hilos largos que parten radialmente desde el centro de la telaraña y la anclan a diferentes estructuras del entorno son producidos en la glándula ampulácea mayor. Son la base de la estructura y dan soporte y resistencia a la telaraña por lo que su seda es la más resistente y rígida. Debido a esta resistencia, las arañas emplean estos hilos para desplazarse cuando arrastran las presas a lo largo de la telaraña. Sobre esa estructura radial es habitual encontrar una espiral de hilo formado por seda de captura, más deformable y adhesiva, producida en la glándula flageliforme. En ocasiones esta espiral se recubre además con otro tipo de seda de alto contenido acuoso, que actúa literalmente como un pegamento recubriendo la seda de captura. Para rematar la faena, las arañas cuentan incluso con una seda que actúa como cemento y que emplean para reforzar los puntos de unión entre los radios de la telaraña y la espiral de captura, dándole mayor resistencia a las juntas. En esta imagen puedes ver los diferentes tipos de seda.
Una vez terminada la telaraña sólo toca esperar. Es cuestión de tiempo que alguna presa caiga en la trampa y empiece a revolverse intentando escapar de una muerte casi tan cierta como inesperada. Las vibraciones alertan a la araña, que recorrerá la telaraña, como un rayo y con una soltura impresionante, hasta alcanzar la que será su comida. Tras una rápida inyección de veneno y enzimas digestivas, comenzará a envolver el desafortunado cuerpo con un nuevo tipo de seda diferente a las anteriores, producida por la glándula aciniforme. Antes de darse cuenta, la presa se verá inmovilizada y envuelta en un sarcófago de seda mientras las enzimas digestivas inyectadas empiezan la digestión de los tejidos internos.
Pero no todo es cazar. Las arañas también emplean hasta dos tipos de seda diferente cuando realizan la puesta de huevos que contienen a la siguiente generación, envolviéndolos y protegiéndolos de los peligros externos.

Una vez más, no me queda más que recomendar que la próxima vez que os encontréis con una de estas maravillosas criaturas dediquéis un tiempo a observar su anatomía y comportamiento. Ver a una araña cazar es algo que, por muchas veces que se vea, no deja de impresionarme como la primera vez.

envuelve rápidamente a un pequeño coleóptero escasos segundos después de que éste chocase con la telaraña. Cuando el veneno inyectado haga su trabajo, la araña succionará los nutrientes predigeridos dentro de la presa.
Una Argiope lobata envuelve rápidamente a un pequeño coleóptero escasos segundos después de que éste chocase con la telaraña. Cuando el veneno inyectado haga su trabajo, la araña succionará los nutrientes predigeridos dentro de la presa.

Y de propina...
Las formas en las que las arañas emplean su seda son increíblemente variadas. Las telarañas radiales son las más abundantes y llamativas, al menos en nuestras latitudes, pero no todas las arañas emplean esta técnica de caza. Algunas familias como las arañas saltadoras (Salticidae) cazan al acecho saltando sobre su presa y sólo producen seda para forrar su madriguera o como punto de anclaje cuando tienen que cubrir distancias largas. Otras tejen una tela portátil que lanzan sobre la presa cuando ésta se acerca demasiado (vídeo). Aún hay más, la araña boleadora produce feromonas parecidas a las de la hembra de algunas polillas para atraer a los machos. Cuando uno se acerca lo suficiente, la araña boleadora balancea una bola de seda adhesiva como si de una honda se tratase. Si consigue golpear a la presa, sus alas quedarán inservibles y estará condenada (vídeo).




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