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Los ojos de la noche

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Cuando nuestro día termina, una multitud de animales aprovechan el amparo de la noche para abandonar sus nidos y madrigueras. Un frenesí de actividad que pasa desapercibido a nuestros ojos pero no por ello juega un papel menos importante para el funcionamiento de los ecosistemas. En este mundo nocturno se dan los mismos roles que ocurren bajo la luz del Sol. Hay disputas por el territorio, anuncios para encontrar pareja, animales que comen y otros que son comidos.
Todo este ajetreo ocurre bajo la atenta vigilancia de aquellos que, inmóviles como piedras desde su posadero, registran cada movimiento y cada sonido, por diminuto que sea, que rompa el silencio y la quietud del bosque nocturno. Si algún animal desprevenido delata su posición, un vuelo prácticamente insonoro y unas afiladísimas garras pondrán fin a su vida.

Las Strigiformes son aves que se alimentan principalmente de noche, cazando pequeños mamíferos, reptiles y otras aves. Sus puntiagudas garras, con cuatro dedos enfrentado…

...y gatos

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Son auténticos especialistas en la caza. Su organismo ha evolucionado durante millones de años hacia la depredación y es innegable que han debido hacerlo bien cuando las 41 especies actuales de félidos que existen ocupan los niveles más altos de las redes tróficas en ecosistemas de todo el planeta salvo la Antártida y Oceanía, donde no han llegado. La mayor parte de ellos capturan a sus presas al acecho, aunque algunos han apostado por la velocidad para asegurarse la comida.

El camino de los félidos comienza hace unos 60 millones de años cuando, como vimos en esta entrada, los feliformes se separan del otro gran orden de carnívoros, los caniformes. Tras aquella divergencia, los feliformes tuvieron un gran éxito evolutivo, diversificándose y dando lugar a lo que hoy son mangostas, vivérridos, hienas y felinos entre otros. Éstos últimos, como los pumas de las fotografías de hoy, se caracterizan principalmente por su estructura auditiva interna, sus cuerpos estilizados y sus uñas protrác…

Como perros...

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Hace cerca de 60 millones de años, durante el final del Paleoceno, un mamífero de patas cortas y cola larga se movía sigiloso acechando a sus presas por los árboles de Norteamérica, que entonces formaban un vasto bosque tropical, llegando las palmeras hasta lo que hoy es Alaska. Era el antepasado de todos los carnívoros taxonómicamente hablando (Orden Carnivora). No imaginéis un animal grande, pues con sus 30 centímetros sería más parecido a un hurón. De hecho, cuando las condiciones climáticas cambiaron y los bosques cedieron espacio a las praderas, fue precisamente su pequeño tamaño y a su mayor adaptación para correr, lo que les dio ventaja frente a sus competidores (Oxyenidae y Hyaenodontidae), plantígrados que habían dominado como depredadores durante varios millones de años pero que finalmente perdieron la batalla. Además nuestro pequeño protagonista y los de su especie contaban con una dentición más versátil que sus rivales imponiéndose como principales depredadores en el conti…

Luces del cielo y la tierra

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Nada menos que 150 millones de kilómetros separan la Tierra de su estrella más cercana, el Sol.
Sin él la vida no sería posible tal y como la conocemos. Un poco más cerca y la Tierra estaría abrasada. Un poco más lejos y se congelaría.

Es el motor de la vida en la Tierra y la base de la práctica totalidad de las cadenas tróficas que existen en ella además de determinar el clima, los vientos y las precipitaciones en todo el planeta. También nos aporta luz en una nada despreciable franja del espectro electromagnético, aunque sólo seamos capaces de ver el 40% de esta luz, que es lo que abarca nuestro rango de visión.
La mitad de toda su radiación es luz infrarroja, invisible a nuestros ojos, y supone el principal aporte externo de calor al planeta. Sin este aporte el calor interno de la Tierra no sería capaz de mantener el agua en estado líquido.
El 10% de la radiación restante es ultravioleta, muy energética y dañina para la mayor parte de seres vivos ya que es capaz de desestabilizar l…

La caza y los genes

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Hubo un tiempo en el que cuatro cabras montesas diferentes saltaban por los roquedos de los montes de la Península Ibérica. Y no, no hace hace tanto de aquello. Hace tan solo un siglo y medio.

Contra lo que pueda parecer hoy en día, a principios del siglo pasado las cabras montesas de Gredos (Capra pyrenaica victoriae) como las que vemos en las fotografías de esta entrada, estuvieron a un pequeño paso de la extinción. Tras cientos de años de caza descontrolada para consumir su carne, usar sus pieles y exponer sus cabezas y cornamentas como trofeo, en 1905 en la Sierra de Gredos se censaron tan sólo doce ejemplares. Las rocas graníticas de estos montes albergaban entonces los únicos representantes de esta subespecie en todo el planeta.
Fue esta situación la que llevó al monarca Alfonso XIII a declarar el Refugio Real de Caza de la Sierra de Gredos y así, limitando su caza, se consiguió evitar la extinción de esta cabra. Partiendo de esa docena de individuos, en 1970 la población se hab…

Una batalla milenaria

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¿Por qué hay plantas que utilizan esporas y otras semillas? ¿Qué sistema es mejor?

Desde su origen, los vegetales nos llevan unos cientos de millones de años de ventaja a los animales en esto de colonizar el planeta y han tenido mucho más tiempo de experimentar con diferentes estrategias reproductivas, algunas fallidas y otras exitosas incluso durante algunos millones de años. Pero la mayor parte de ellas se vieron superadas ante la nuevas tácticas que se iban sucediendo en el reino vegetal. El registro fósil y la filogenia nos cuentan cómo ocurrió así entre los vegetales una lenta pero incesante batalla por el dominio del planeta a lo largo de la cual colonizaron el mar y la tierra emergida adaptándose y transformando el planeta a sus necesidades.

Durante su avance desde los océanos hacia el medio terrestre, se enfrentaron a nuevas amenazas para su supervivencia. En este nuevo entorno la radiación ultravioleta del Sol, más directa que en sus océanos de origen, era capaz de degradar e…